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lunes, 22 de febrero de 2016

El Principio del Fin

La plaga


El Principio del Fin es una película estadounidense de 1957 producida y dirigida por Bert I. Gordon para el recién formado estudio de American Broadcasting-Paramount Theatres (AB-PT). Fue distribuida por Republic Pictures. El guión de Fred Freiberger y Lester Gorn relata cómo la ciudad de Chicago es amenazada después de que unos saltamontes radiactivos crezcan a proporciones descomunales. En el reparto aparecen Peter Graves, Peggie Castle, Morris Ankrum, Than Wyenn, Thomas Browne Henry y Richard Benedict. Albert Glasser, colaborador habitual del director, escribió la banda sonora (que incluía la canción Natural, Natural Baby). El Principio del Fin tiene fama por sus "atroces" efectos visuales y está considerada una de las películas de ciencia-ficción peor escritas e interpretadas de los años 1950.

Póster de la película (foto: Wikipedia)

El éxito de crítica y público de La Humanidad en Peligro (1954) abrió camino a un sinnúmero de producciones sobre "bichos gigantes". AB-PT, especializada en financiar películas de bajo presupuesto para exhibirlas en sus salas del nordeste y el sur del país, y que había firmado un acuerdo de distribución con Republic, vio el filón. El argumento recuerda a la novela de H. G. Wells de 1904 El Alimento de los Dioses, puesto al día para la Era Atómica; también parece aludir a los temores de los norteamericanos acerca de especies invasoras y a una creciente intranquilidad por el abuso de pesticidas como el DDT. Aunque no hay cifras oficiales para El Principio del Fin, el coste típico de una producción de AB-PT en 1957 era de 300.000 dólares.

Bert Gordon se ocupó personalmente de los efectos especiales — como en otras ocasiones, trabajando en el garaje de su casa. La animación de modelos de saltamontes quedó descartada por su elevado coste, por lo que Gordon confió por enésima vez en técnicas de pantalla partida, mattes y retroproyección. El efecto más recordado ya se había utilizado en King Dinosaur: El Planeta Infernal (1955): poner los animales sobre simples fotografías de los escenarios (las miniaturas eran demasiado caras) y soplar aire sobre ellos para obligarlos a moverse. La idea era eficaz dentro de sus limitaciones, excepto cuando los insectos parecían andar por el aire.

El director adquirió en Tejas doscientos saltamontes de la única especie lo bastante grande para el foco de la cámara. El Departamento de Agricultura obligó a que todos los ejemplares fuesen machos, para evitar que se reprodujeran; desafortunadamente, los insectos resultaron ser caníbales, y durante los días que permanecieron en la caja se devoraron unos a otros hasta que sólo quedó una docena. Esto no impidió a la distribuidora anunciar el film como «la primera película de ciencia-ficción con criaturas reales vivas». El film también hizo uso exhaustivo de las imágenes de archivo.

El Principio del Fin debutó en Chicago en programa doble con otra producción de AB-PT, The Unearthly. Constituyó un modesto éxito de taquilla — aunque por razones que no están claras la productora cesó sus actividades inmediatamente después del estreno. Pero las críticas fueron en su mayor parte negativas, destacando no sólo la paupérrima producción sino también su falta de originalidad. Algunos creen que la película fracasa en un aspecto fundamental, hacer que los saltamontes sean aterradores. No obstante, tanto si son lo bastante ingenuos para tener miedo, como si disfrutan burlándose, para muchos espectadores se trata de una película "de culto".

El doctor Ed Wainwright, funcionario del Departamento de Agricultura, y la fotógrafa de prensa Audrey Ames, descubren que un experimento con vegetales irradiados ha producido un enjambre de saltamontes gigantescos. Antes de que el Ejército pueda neutralizar a los monstruos, Chicago está bajo su asedio.

Extraños sucesos en la pequeña ciudad de Ludlow, Illinois (foto: A Field Guide to Doomsday)

¿Qué puede haber causado esta devastación? (foto: A Field Guide to Doomsday)

Los culpables (foto: A Field Guide to Doomsday)

Nada puede detenerlos (foto: A Field Guide to Doomsday)

La plaga (foto: A Field Guide to Doomsday)

En Chicago — probablemente la imagen muestra el "reparto" completo de criaturas (foto: A Field Guide to Doomsday)

Sobre el edificio que alberga el laboratorio del doctor Wainwright (foto: A Field Guide to Doomsday)

¡Acorralado! (foto: A Field Guide to Doomsday)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

Beginning of the End (1957) on IMDb


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lunes, 4 de enero de 2016

Ataque Diabólico

El tamaño sí importa


Conocida también por los títulos de El Ataque de los Títeres Humanos o La Rebelión de los Muñecos, Ataque Diabólico es una película de ciencia-ficción de 1958 dirigida por Bert I. Gordon. Gordon puso en producción el film a toda prisa a través de Alta Vista Productions para aprovechar el éxito de El Increíble Hombre Menguante. El director, cuya obsesión eran las películas de criaturas gigantes, cambió aparentemente de registro en esta historia sobre un excéntrico fabricante de muñecos con terror a la soledad, el cual crea una máquina capaz de reducir el tamaño de una persona a unos pocos centímetros. El guión fue escrito por George Worthing Yates a partir de una historia de Gordon. En el reparto figuran June Kenney, John Agar y John Hoyt. Albert Glasser compuso la banda sonora, con la colaboración de Don A. Ferris (música) y Henry Schrage (letra) en la canción You're My Living Doll, que interpreta Marlene Willis en una de las escenas más notorias. American International Pictures lo estrenó en programa doble con La Guerra de la Bestia Gigante, secuela de El Asombroso Hombre Creciente (1957).

Póster de la película (foto: Wikipedia)

Como era habitual, Bert I. Gordon realizó él mismo los efectos visuales con la técnica de retroproyección — ayudado esta vez por su esposa Flora. "Mr. BIG" solía hacer la mayor parte del trabajo en su garaje. Se construyeron asimismo diversos elementos de atrezzo de gran tamaño y la compañía telefónica prestó un teléfono gigante que utilizaba para propósitos publicitarios. Los decorados causaron problemas a los actores, los cuales no disponían de dobles: en una escena Ken Miller y John Agar tuvieron que ascender y descender a pulso de una enorme mesa, por lo que al día siguiente apenas podían moverse y fue necesario llamar a un masajista (el calendario de rodaje era de un par de semanas y no se podía perder ni un día). Miller también recordaba que durante dicha escena sus pantalones empezaron a desgarrarse, pero el director, tras preguntarle si llevaba ropa interior, le ordenó seguir trepando. Con todo, el momento más embarazoso para Miller — según propia confesión — fue dar la réplica a Marlene Willis mientras ésta le cantaba «tú eres mi muñeco viviente».

El film ha adquirido cierta consideración como película "de culto" entre los aficionados de la serie B. Más allá de la superficial confrontación entre lo grande y lo pequeño, importa la enfermiza necesidad del Sr. Franz de poseer diminutos compañeros a los que manipular a su antojo, así como su incapacidad para entender por qué éstos se rebelan contra su cómoda existencia — una historia con reminiscencias de la muy superior Muñecos Infernales (1936). El tratamiento del tema de la soledad ha llevado a algunos críticos a mirarlo con otros ojos, un terror psicológico con un villano trastornado e incomprendido poderosamente interpretado por John Hoyt. Sin embargo, el guión desaprovecha muchas de las posibilidades de su patético personaje. Y tampoco explica satisfactoriamente — o insatisfactoriamente — de dónde ha sacado los conocimientos científicos necesarios para su invención.

Las creaciones del Sr. Franz, un fabricante de juguetes emigrado de Europa, son famosas por su detallada artesanía. El orgullo de su colección son unos muñecos guardados en cápsulas de vidrio que parecen asombrosamente vivos... La razón es que son de hecho seres humanos miniaturizados y mantenidos en un estado de animación suspendida. El Sr. Franz ha reunido una "familia" y no deja de aumentarla, impulsado por un miedo cerval a quedarse solo y la extrema necesidad de controlar su propio universo. Como nueva adquisición se ha fijado en su empleada Sally Reynolds, la cual sustituye a la anterior secretaria de Franz (misteriosamente desaparecida sin dejar rastro). El Departamento de Policía tiene varios casos similares sin resolver, pero no establece una conexión hasta que Sally denuncia la falta de su prometido Bob Westley. Poco después la joven también desaparece para unirse a Bob y al resto de "muñecos vivientes" en una extraña cautividad, donde se les despierta periódicamente de un profundo sueño para entretener al Sr. Franz...

Algunos "muñecos" disfrutan sin preocupaciones de sus pequeñas vidas (foto: TCM)

Intentando comunicarse con el exterior (foto: TCM)

Bob contempla enfurecido lo que Franz hace con Sally (foto: TCM)

Hartos de ser unos títeres — para asombro del Sr. Franz (foto: TCM)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

Attack of the Puppet People (1958) on IMDb


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lunes, 6 de julio de 2015

El Asombroso Hombre Creciente

¡Un gigante salvaje en una orgía de sangre y fuego!


El Asombroso Hombre Creciente (llamada también El Gigante Ataca o El Coloso Invencible) es una película de ciencia-ficción de 1957 dirigida por Bert I. Gordon — a quien se llegaría a conocer como "Mr. BIG" tanto por sus iniciales como por su especialización en el género de monstruos gigantes. La historia trata de un hombre que crece más de veinte metros a consecuencia de un accidente atómico. En el reparto figuran Glenn (como "Glen") Langan, Cathy Downs, William Hudson y Larry Thor. El film fue producido por el propio Bert Gordon junto a Samuel Z. Arkoff y James H. Nicholson para Malibu Productions. Gordon colaboró asimismo en el guión de Mark Hanna, el cual adaptaba la novela corta The Nth Man del escritor pulp Homer Eon Flint (1928); ni la obra de Flint ni la participación en el libreto de George Worthing Yates aparecen acreditadas. Albert Glasser compuso la banda sonora. Esta baratísima película de la distribuidora American International Pictures ingresó casi 850.000 dólares sólo en los Estados Unidos y sería inmensamente popular en sus emisiones de televisión hasta bien entrados los años 1970. En 1958 se rodó una secuela menos afortunada, La Guerra de la Bestia Gigante.

Póster de la película (foto: Wrong Side of the Art!)

Jim Nicholson, de AIP, poseía los derechos de la novela de Homer Flint sobre un hombre de diez millas de estatura y esperaba hacer caja basándose en el éxito de El Increíble Hombre Menguante (estrenada en febrero de 1957). Inicialmente se anunció que el director sería Roger Corman. Los productores contrataron a Charles B. Griffith para que realizara la adaptación de la novela, con un tratamiento de comedia y la mente puesta en el favorito de Corman, Dick Miller, como protagonista. Corman se cayó del proyecto y su puesto lo ocupó Bert I. Gordon, quien trabajó en el guión con Griffith un solo día antes de que este último lo dejara. Fue sustituido por su colaborador habitual Mark Hanna.

El rodaje tuvo lugar en junio de 1957. Los efectos visuales, realizados con la técnica de la doble exposición, son bastante aceptables — aunque hay momentos ocasionalmente ridículos como el de la jeringuilla gigante. La calidad del guión de Hanna y Gordon hace que el espectador acabe sintiendo empatía hacia el "monstruo"; ciertamente lleva a preguntarse si Stan Lee no habría tenido presente esta película cuando junto a Jack Kirby concibió a La Masa en 1962 (existe un parecido chocante en las respectivas escenas de los accidentes que provocan las mutaciones de Glenn Manning y Bruce Banner). Es probable que el público también respondiera al tema subyacente del film, en una época en que el miedo a las armas atómicas y la radiación nuclear aumentaba vertiginosamente. Si la película tiene un defecto grave aparte de su bajo presupuesto, es la lentitud de la acción en el punto en que el gigante desaparece y comienza una cansina búsqueda. El film se recupera al llegar el dramático desenlace en la Presa Hoover.

El Asombroso Hombre Creciente se estrenó en un programa doble con Cat Girl. En su momento las críticas fueron generalmente positivas, con elogios para la imaginativa premisa del film, la buena interpretación de Langan (así como de los secundarios) y sus efectos especiales — obra de Gordon y de un no acreditado Norman Breedlove. Este entusiasmo se ha enfriado considerablemente en la actualidad, si bien continúa siendo una película "de culto".

Mientras supervisa la prueba de una nueva bomba de plutonio en el desierto de Nevada, el teniente coronel Glenn Manning se expone accidentalmente a una enorme dosis de radiación. Aunque sufre quemaduras en el 90% de su cuerpo, sobrevive y empieza a aumentar de tamaño a un ritmo desenfrenado. A medida que crece, el sistema circulatorio es incapaz de suministrar oxígeno suficiente a su cerebro, y Manning gradualmente pierde la razón. El gigante escapa y causa estragos en Las Vegas antes de que hagan su aparición los militares.

El doctor Paul Linstrom da pocas esperanzas a Carol Forrest, prometida del teniente coronel Manning (foto:DVD Beaver)

Glenn se muestra apático y distante con Carol (foto:DVD Beaver)

El teniente coronel en el estacionamiento del Hotel Riviera tras su huida (foto:DVD Beaver)

Las balas son inútiles contra un hombre de ese tamaño (foto:DVD Beaver)

En la mente de Manning sólo queda sitio para la ira (foto:DVD Beaver)

Carol, ante el mayor de los peligros (foto:DVD Beaver)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

El asombro hombre creciente (1957) on IMDb


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