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lunes, 8 de febrero de 2016

3000 A.D.

Futuro imperfecto


Captive Women es una película estadounidense de 1952 protagonizada por Robert Clarke, Margaret Field, Ron Randell, Gloria Saunders, Stuart Randall y William Schallert. En 1956 se reestrenó como 1,000 Years from Now en programa doble con la infame Invasion U.S.A., y en México y el Reino Unido (algunos de los pocos lugares donde llegó a los cines) es conocida como 3000 A.D. — el sensacionalista título original se le ocurrió a Howard Hughes, propietario de la distribuidora. El film se desarrolla en los albores del siglo XXX, después de una guerra nuclear, cuando tres primitivas tribus luchan por la supremacía entre las ruinas de Manhattan. Producida y escrita por el mismo equipo que El Ser del Planeta X, Jack Pollexfen y Aubrey Wisberg, para la American Pictures de Albert Zugsmith, fue dirigida por Stuart Gilmore y distribuida a través de RKO Radio Pictures. La música pertenece a Charles Koff.

Póster de la película (foto: Wrong Side of the Art!)

Lo más interesante de la historia de Pollexfen y Wisberg es que puede tratarse de la primera sobre una civilización postapocalíptica sumida en la barbarie, al menos la primera cuyo origen alude explícitamente a los peligros de las armas atómicas. Esta novedosa idea se ve lastrada por una trama poco imaginativa que lo mismo podría servir para un péplum o una película de cavernícolas. La producción es mejor de lo previsible, aunque adolece de efectos visuales algo chapuceros (obra de dos especialistas en la serie B como Jack Rabin e Irving Block). El presupuesto estuvo entre 85.000 y 100.000 dólares. Además del mensaje sobre las consecuencias de un conflicto nuclear, el film tiene a su favor el inusual tratamiento de los "Mutados" como los "buenos" de la historia.

Existen precedentes de sociedades degeneradas en obras de H. G. Wells como La Máquina del Tiempo (1895) o La Forma de lo que Vendrá (1933); por otra parte, el primer film en situarse inmediatamente después de un holocausto nuclear había sido Cinco (1951). Quizás el caso más comparable sea la civilización marciana vuelta a su propia Edad de Piedra en Cohete K-1 (1950). El subgénero se haría inmensamente popular en los años 1970-80, pero en su momento 3000 A.D. fue única, y como tal este título menor tiene su sitio en la historia del cine de ciencia-ficción.

Año 3000. En lo que una vez fue Nueva York, los descendientes de aquellos que sobrevivieron a la guerra atómica se dividen en tres tribus. Los saludables "Normales" habitan los antiguos túneles del metro; los bárbaros "Hombres de Río Arriba" merodean por los bosques en busca de presas; y los "Mutados" viven entre los escombros radiactivos de la ciudad y sufren deformidades congénitas. Rob, hijo del líder de los "Normales", convence al brutal jefe de los "Hombres de Río Arriba", Gordon, de que perdone la vida al "Mutado" Riddon. Pero Gordon trama un plan para secuestrar a las mujeres de los "Normales", incluyendo a Catherine, la bella y perversa prometida de Rob... En medio de conspiraciones y venganzas, la única esperanza para el futuro de la Humanidad parece ser el romance entre Riddon y la "Normal" Ruth.

El baño de las mujeres "Normales" (foto: MovieStillsDB)

Catherine, hija del Sumo Sacerdote de los "Normales", contempla despiadadamente a la enjaulada Ruth (foto: MovieStillsDB)

«La batalla de los sexos dentro de mil años» — Riddon y Ruth (foto: MovieStillsDB)

Azotando a Riddon (foto: MovieStillsDB)

Escena de la película (vídeo: YouTube)

Captive Women (1952) on IMDb


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lunes, 31 de agosto de 2015

El Día del Fin del Mundo

Sobreviviendo al desastre


El Día del Fin del Mundo (1955) es la cuarta película como director de Roger Corman, la primera del género de la ciencia-ficción. Con un presupuesto de unos 96.000 dólares, Corman la produjo junto a Alex Gordon para la modesta Golden State Productions. El guión de Lou Rusoff se apropia descaradamente del planteamiento de Cinco (1951): después de una guerra nuclear, un variopinto grupo de personas — incluyendo un ranchero y su hija, un geólogo, un ratero y la "amiguita" de éste — tratan de sobrevivir, enfrentados entre sí y a una horrenda criatura mutante. El film fue distribuido por American Releasing Corporation en programa doble con El Fantasma de las 10.000 Leguas y entre ambos recaudaron en dos meses la nada despreciable cantidad de 400.000 dólares. En el reparto aparecen Richard Denning, Lori Nelson, Adele Jergens, Mike (acreditado como "Touch") Connors, Paul Birch y Raymond Hatton; el presentador de la NBC Chet Huntley, quien no figura en los créditos, presta su voz como narrador. Un colaborador habitual de Corman, Ronald Stein, escribió la banda sonora. Existe un remake de 1967 que reproduce el original casi al pie de la letra.

Póster de la película (foto: FilmAffinity)

Al productor James H. Nicholson, de American International Pictures, se le ocurrió el título Day the World Ended — literalmente El Día que Acabó el Mundo — y encargó a Lou Rusoff que escribiese un guión a tono. A partir del escenario básico de la solemne Cinco, Rusoff dio un giro sensacionalista a la trama añadiendo un monstruo caníbal con tres ojos y otras truculencias. Al transformar el serio mensaje de su precedente al lenguaje pulp, El Día... estableció la pauta para los films postapocalípticos de serie B durante el resto de la década. Hoy en día es fácil predecir las tensiones internas que surgirán en el grupo, así como qué personajes van a morir (y en qué orden). La película está llena de alusiones bíblicas y su final recuerda inevitablemente al Jardín del Edén.

El limitado presupuesto del film se hace dolorosamente evidente en aspectos como la tosca fotografía o la cámara virtualmente inmóvil — por no mencionar al mutante hecho de goma, concebido (y encarnado) por Paul Blaisdell. El propio Roger Corman "interpreta" a Nelson, el prometido de Louise, en el retrato que ésta conserva. Al parecer, el rodaje se completó en nueve días. La película se desarrolla no obstante con innegable vigor y convicción. Paul Birch ofrece una actuación llena de matices como el ranchero Maddison, y no se duda ni por un momento de que todos los implicados creen en lo que predica la historia.

El mundo ha sido devastado en un holocausto atómico. Un grupo de siete personas encuentra refugio en un valle protegido por montañas ricas en yacimientos de plomo, propiedad del capitán naval retirado Jim Maddison y su hija Louise. Maddison se resiste a admitir a los demás, ya que los suministros son limitados, pero Louise intercede. Pronto aparecen conflictos de naturaleza romántica entre dos pretendientes de Louise, el delincuente Tony Lamont y el geólogo Rick — a despecho de Ruby, novia del primero. Pero éstos pasan a segundo plano cuando se descubre que el valle está infestado por plantas y animales que han sufrido monstruosas mutaciones debidas a la radiación. Y no pasa mucho tiempo antes de que empiecen a merodear por la zona algunos mutantes humanos...

Maddison no confía en Tony (foto: 3B Theater Poster Archive)

Louise y Rick encuentran mutuo consuelo (foto: 3B Theater Poster Archive)

Despojos inquietantes (foto: 3B Theater Poster Archive)

El mutante radiactivo parece sentir una obsesión por la hija del ranchero (foto: 3B Theater Poster Archive)

La tensión entre Tony y Ruby se hace insoportable (foto: 3B Theater Poster Archive)

¿Cuáles son las intenciones del monstruo? (foto: 3B Theater Poster Archive)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

El día del fin del mundo (1955) on IMDb


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lunes, 3 de agosto de 2015

Hijos del Espacio

«Os aseguro que si no cambiáis y os hacéis como niños...»


La casi desconocida Hijos del Espacio, de 1958, es una extraña película notablemente alejada de los tópicos de la ciencia-ficción de la época, aunque sea debida a dos personalidades del género como el productor William Alland y el director Jack Arnold. Fue la primera producción de Alland con Paramount Pictures y la penúltima película fantástica de Arnold. El film se basa en The Egg, una historia no publicada de Tom Filer, que adaptó con significativas alteraciones el guionista Bernard C. Schoenfeld. Cuenta cómo un cerebro alienígena se comunica telepáticamente con los hijos de varios científicos que participan en el desarrollo de una nueva arma, empujando a los niños a sabotear el trabajo de sus padres. En el reparto aparecen Adam Williams, Peggy Webber, Jackie Coogan, Richard Shannon, Raymond Bailey y Russell Johnson, junto a los jóvenes Michel Ray, Johnny Washbrook, Sandy Descher y Johnny Crawford. Van Cleave escribió la música. Paramount distribuyó el film en programa doble con El Coloso de Nueva York, otra producción de William Alland.

Póster de la película (foto: Wrong Side of the Art!)

Casi toda la película se filmó en un puñado de decorados sumamente espartanos y con escasos alardes visuales. El "cerebro" alienígena fue fabricado con plástico por Ivyl Burks, jefe del departamento de atrezzo de la productora. En su estado final, la criatura pesaba unos 500 kilos, medía metro y medio de ancho por tres metros de largo, y contenía luces de neón por valor de 3.300 dólares. La recepción de Hijos del Espacio no fue buena y todavía hoy es uno de los trabajos más infravalorados de Jack Arnold (también, curiosamente, el más personal).

En muchos sentidos, este film es una especie de continuación — que no una secuela — de Vinieron del Espacio (1953). El que sea además un tipo de ciencia-ficción políticamente atrevida no hace sino añadirle encanto y permite pasar por alto sus evidentes limitaciones (acción prosaica, mensaje obvio). Arnold era un experto en conseguir algo — a veces algo sustancial — con muy poco. Para empezar, muchos de los actores interpretan papeles insólitos en sus carreras, una oportunidad de hacer algo diferente que se toman muy en serio; por su parte, los protagonistas infantiles se muestran sencillos y naturales. Este cuento pacifista a contracorriente se rodó apenas unos meses después del lanzamiento del Sputnik soviético, el cual desató el pánico en los Estados Unidos e inició una Carrera Espacial de abierto impulso militar. La idea de enviar armas al espacio estaba — otra vez — de plena actualidad y Arnold tuvo la audacia de hacer una película que decía enfáticamente «¡no!».

La infame Plataforma Espacial Militar propuesta por el Secretario de Defensa James Forrestal en 1948 (foto: Project 1947)

La obra del director destaca entre las películas de serie B de sus contemporáneos; en particular, sus films poseen un soberbio sentido de la atmósfera, capaz de mostrar de una forma hechizante a los personajes aislados (real o metafóricamente) en medio de los paisajes de la Tierra. El soliloquio de Richard Carlson en Vinieron del Espacio cuando describe el desierto de Arizona encuentra su eco en las palabras de Michel Ray: «todo este océano y arena es como si fuera otro mundo». Entre los momentos más innegablemente inquietantes figuran las recurrentes escenas de los chicos adentrándose en la cueva.

La idea de unos niños "poseídos" por un ente alienígena sería tratada con otro tono en la perturbadora El Pueblo de los Malditos (1960). Como quiera que ha habido cierta polémica respecto a si los "hijos del espacio" actuaban bajo el control de la criatura espacial o por propia voluntad, la cita bíblica con la que termina la película (San Mateo, Capítulo 18, versículo 3) apunta decididamente hacia la segunda posibilidad.

Dave Brewster empieza su trabajo como técnico electrónico en una base ultrasecreta de la Fuerza Aérea. Con él están su esposa Anne y sus hijos Bud y Ken, todos ellos recelosos del repentino traslado, así como de la austera existencia que todas las familias allí soportan. Apenas llegan, Bud y Ken ven una extraña luz en el cielo que apunta hacia la costa y poco después parecen recibir comunicaciones telepáticas cada vez más fuertes — y detalladas — de origen desconocido. Los chicos son arrastrados, junto con los niños de otras familias, a una solitaria cueva cercana a la playa, donde se oculta una presencia alienígena (en la forma de un enorme cerebro que no deja de crecer). Al principio, el cerebro intenta que los niños persuadan a sus padres de que completar su proyecto — un misil llamado "The Thunderer", que pondrá en órbita una bomba de hidrógeno capaz de alcanzar cualquier objetivo en caso de que los Estados Unidos se vean amenazados — es demasiado peligroso. Sólo el doctor Wahrman, inventor del misil, les presta alguna atención. A medida que el momento del lanzamiento se acerca, el alienígena toma medidas más directas...

Una nueva vida en el sur de California que no entusiasma a todos (foto: DVDBeaver)

Extrañamente atraídos hacia la cueva (foto: DVDBeaver)

El ente alienígena con su aspecto inicial (foto: DVDBeaver)

Dave y Anne no saben cómo tratar a su rebelde prole (foto: DVDBeaver)

Joe Gamble, el brutal padrastro de Tim (foto: DVDBeaver)

Los burócratas no tienen oídos para los niños (foto: DVDBeaver)

Los "hijos del espacio" (foto: DVDBeaver)

Un rayo transportador se lleva al ser extraterrestre (foto: DVDBeaver)

Escena de la película (vídeo: YouTube)

The Space Children (1958) on IMDb


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lunes, 6 de julio de 2015

El Asombroso Hombre Creciente

¡Un gigante salvaje en una orgía de sangre y fuego!


El Asombroso Hombre Creciente (llamada también El Gigante Ataca o El Coloso Invencible) es una película de ciencia-ficción de 1957 dirigida por Bert I. Gordon — a quien se llegaría a conocer como "Mr. BIG" tanto por sus iniciales como por su especialización en el género de monstruos gigantes. La historia trata de un hombre que crece más de veinte metros a consecuencia de un accidente atómico. En el reparto figuran Glenn (como "Glen") Langan, Cathy Downs, William Hudson y Larry Thor. El film fue producido por el propio Bert Gordon junto a Samuel Z. Arkoff y James H. Nicholson para Malibu Productions. Gordon colaboró asimismo en el guión de Mark Hanna, el cual adaptaba la novela corta The Nth Man del escritor pulp Homer Eon Flint (1928); ni la obra de Flint ni la participación en el libreto de George Worthing Yates aparecen acreditadas. Albert Glasser compuso la banda sonora. Esta baratísima película de la distribuidora American International Pictures ingresó casi 850.000 dólares sólo en los Estados Unidos y sería inmensamente popular en sus emisiones de televisión hasta bien entrados los años 1970. En 1958 se rodó una secuela menos afortunada, La Guerra de la Bestia Gigante.

Póster de la película (foto: Wrong Side of the Art!)

Jim Nicholson, de AIP, poseía los derechos de la novela de Homer Flint sobre un hombre de diez millas de estatura y esperaba hacer caja basándose en el éxito de El Increíble Hombre Menguante (estrenada en febrero de 1957). Inicialmente se anunció que el director sería Roger Corman. Los productores contrataron a Charles B. Griffith para que realizara la adaptación de la novela, con un tratamiento de comedia y la mente puesta en el favorito de Corman, Dick Miller, como protagonista. Corman se cayó del proyecto y su puesto lo ocupó Bert I. Gordon, quien trabajó en el guión con Griffith un solo día antes de que este último lo dejara. Fue sustituido por su colaborador habitual Mark Hanna.

El rodaje tuvo lugar en junio de 1957. Los efectos visuales, realizados con la técnica de la doble exposición, son bastante aceptables — aunque hay momentos ocasionalmente ridículos como el de la jeringuilla gigante. La calidad del guión de Hanna y Gordon hace que el espectador acabe sintiendo empatía hacia el "monstruo"; ciertamente lleva a preguntarse si Stan Lee no habría tenido presente esta película cuando junto a Jack Kirby concibió a La Masa en 1962 (existe un parecido chocante en las respectivas escenas de los accidentes que provocan las mutaciones de Glenn Manning y Bruce Banner). Es probable que el público también respondiera al tema subyacente del film, en una época en que el miedo a las armas atómicas y la radiación nuclear aumentaba vertiginosamente. Si la película tiene un defecto grave aparte de su bajo presupuesto, es la lentitud de la acción en el punto en que el gigante desaparece y comienza una cansina búsqueda. El film se recupera al llegar el dramático desenlace en la Presa Hoover.

El Asombroso Hombre Creciente se estrenó en un programa doble con Cat Girl. En su momento las críticas fueron generalmente positivas, con elogios para la imaginativa premisa del film, la buena interpretación de Langan (así como de los secundarios) y sus efectos especiales — obra de Gordon y de un no acreditado Norman Breedlove. Este entusiasmo se ha enfriado considerablemente en la actualidad, si bien continúa siendo una película "de culto".

Mientras supervisa la prueba de una nueva bomba de plutonio en el desierto de Nevada, el teniente coronel Glenn Manning se expone accidentalmente a una enorme dosis de radiación. Aunque sufre quemaduras en el 90% de su cuerpo, sobrevive y empieza a aumentar de tamaño a un ritmo desenfrenado. A medida que crece, el sistema circulatorio es incapaz de suministrar oxígeno suficiente a su cerebro, y Manning gradualmente pierde la razón. El gigante escapa y causa estragos en Las Vegas antes de que hagan su aparición los militares.

El doctor Paul Linstrom da pocas esperanzas a Carol Forrest, prometida del teniente coronel Manning (foto:DVD Beaver)

Glenn se muestra apático y distante con Carol (foto:DVD Beaver)

El teniente coronel en el estacionamiento del Hotel Riviera tras su huida (foto:DVD Beaver)

Las balas son inútiles contra un hombre de ese tamaño (foto:DVD Beaver)

En la mente de Manning sólo queda sitio para la ira (foto:DVD Beaver)

Carol, ante el mayor de los peligros (foto:DVD Beaver)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

El asombro hombre creciente (1957) on IMDb


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lunes, 4 de mayo de 2015

El Ataque de los Cangrejos Gigantes

Más allá de las leyes de la Naturaleza


Tercera de las nueve películas estrenadas por el director Roger Corman en 1957, El Ataque de los Cangrejos Gigantes es otra muestra del subgénero de "monstruos creados por la radiación". Corman la produjo a través de su compañía Los Altos Productions con una característica economía de medios (el presupuesto fue de unos 70.000 dólares), siendo distribuida por Allied Artists conjuntamente con Emisario de Otro Mundo. El guión es obra de su colaborador habitual Charles B. Griffith. Ronald Stein compuso la música. El film trata de un equipo científico que viaja a una remota isla para averiguar qué le sucedió a una expedición anterior; el lugar resulta estar habitado por unos extraordinariamente peligrosos cangrejos mutantes. En el reparto figuran Richard Garland, Pamela Duncan, Russell Johnson, Leslie Bradley, Mel Welles, Richard H. Cutting y Beach Dickerson.

Póster de la película (foto: Wrong Side of the Art!)

Según el escritor Charles Griffith, Corman acudió a él para decirle «quiero hacer una película titulada El Ataque de los Cangrejos Gigantes», contándole que era un experimento en el que no deseaba filmar «ninguna clase de escena sin suspense o acción». Griffith sospechó que lo del "experimento" era un truco del Rey de la Serie B para evitarse rodar escenas que de todos modos cortaría en el montaje final. Impresionado por la reciente lectura de El Mundo del Silencio, de Jacques Cousteau (1953), Griffith guionizó las secuencias subacuáticas y propuso dirigirlas él mismo por cien dólares, una oferta que esperaba Corman no pudiera rechazar — y así fue. Este metraje, en todo caso un lujo en películas de bajo coste, fue rodado en Marineland del Pacífico. Otras localizaciones fueron Isla Santa Catalina y Bronson Canyon, en el Parque Griffith de Los Ángeles.

La mayor parte de la crítica considera esta producción de Roger Corman una baratija tonta pero encantadora. La película no se toma demasiado en serio a sí misma (Charles Griffith tiene un pequeño papel como primera víctima de los crustáceos), algo comprensible habida cuenta lo chapucero de los efectos especiales y el improbable argumento. La combinación de horror y humor se convertiría en una marca personal del director y fue un acierto. Con su corta duración y buen ritmo, El Ataque... sedujo al público mayoritariamente adolescente de autocines y pequeñas salas, alcanzando el millón de dólares en taquilla.

Un grupo de científicos llega a un atolón del Pacífico para descubrir lo ocurrido a una expedición precedente, enviada como observadora de las pruebas termonucleares estadounidenses y desaparecida sin dejar rastro. La isla está deshabitada y carece incluso de vida animal, excepto unos pocos cangrejos. El grupo queda aislado cuando el avión de la Armada que los ha llevado allí explota misteriosamente. Liderados por Dale Brewer y el doctor Karl Weigand, encuentran el diario del primer equipo, pero ninguna explicación de lo que le sucedió; solamente se mencionan pruebas de criaturas extrañas e inexplicables fenómenos físicos. Pronto empiezan a oír voces pertenecientes a los científicos desaparecidos, llamándolos en la noche... Su radio es saboteada y constatan que algo está sondeando la zona donde acampan. Finalmente, el grupo es arrastrado a las cavernas donde se oculta la verdadera amenaza — unos cangrejos cuyo tamaño e inteligencia han aumentado desmesuradamente por efecto de las radiaciones. Para colmo de males, estos monstruos están minando lentamente la isla, haciendo que se hunda en el océano.

El destrozado campamento de la primera expedición — sus armas han sido inútiles (foto: 3B Theater Poster Archive)

Las pesquisas bajo el agua del ingeniero Hank Chapman y la doctora Martha Hunter no resuelven el misterio (foto: 3B Theater Poster Archive)

Voces en la noche (foto: 3B Theater Poster Archive)

Mientras la isla se desmorona la radio no funciona (foto: 3B Theater Poster Archive)

El grupo por fin descubre algo en el subsuelo de la isla (foto: 3B Theater Poster Archive)

La horrible verdad (foto: 3B Theater Poster Archive)

Defensa desesperada (foto: 3B Theater Poster Archive)

¿A dónde huir? (foto: 3B Theater Poster Archive)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

El ataque de los cangrejos gigantes (1957) on IMDb


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lunes, 2 de marzo de 2015

La Hora Final

Todavía hay tiempo


Rodado en plena Guerra Fría, La Hora Final es un drama de ciencia-ficción postapocalíptica distribuido por United Artists, que produjo y dirigió en 1959 Stanley Kramer con un presupuesto cercano a los tres millones de dólares. El film se basa en la novela del mismo título publicada por Nevil Shute en 1957, la cual relata una guerra termonuclear y sus inexorables consecuencias. John Paxton escribió la adaptación (con numerosos cambios que disgustaron a Shute); al contrario que en el libro, no se cargan las culpas en nadie por iniciar el conflicto, sino que se apunta a un accidente (como en la similar Punto Límite de 1964). La película cuenta con un reparto de estrellas encabezado por Gregory Peck, Ava Gardner, Fred Astaire, Anthony Perkins y Donna Anderson.

Póster de la película (foto: FilmAffinity)

La filmación tuvo lugar en la ciudad australiana de Melbourne y sus cercanías durante un período de dos meses. Se utilizó el submarino británico P423 HMS Andrew, así como recursos facilitados por la Armada Real Australiana, ya que el Departamento de Defensa estadounidense rechazó colaborar en la producción; el gobierno de los Estados Unidos criticaba la premisa de novela y película, argumentando que nunca había poseído armas nucleares suficientes para provocar la extinción de la Humanidad.

La Hora Final se estrenó simultáneamente en diecisiete ciudades de los cinco continentes, con presencia de sus actores y de numerosas personalidades políticas. A pesar de que el film no se distribuyó comercialmente en la Unión Soviética, en un hecho sin precedentes se organizó un pase especial en Moscú al que asistieron Gregory Peck y su esposa, acompañados por 1.200 dignatarios soviéticos, corresponsales de prensa y representantes diplomáticos.

El film registró unas pérdidas de 700.000 dólares. No obstante, recibió alabanzas de la crítica en su día y en años posteriores, además de concitar apoyos a muchos de sus puntos de vista. La deprimente posibilidad de un Armagedón en el que todos perdían (tratada con anterioridad en la mucho más modesta Cinco) disuadió a algunos espectadores de pasar por taquilla, pero contribuyó a que el público tomara conciencia de que el mundo podía estar encaminándose hacia su fin y abrió camino a obras como ¿Teléfono Rojo?, Volamos hacia Moscú — y hasta cierto punto Mad Max - Salvajes de Autopista. En otro orden de cosas, la canción tradicional australiana Waltzing Matilda se hizo mundialmente famosa a raíz de la película. El compositor Ernest Gold ganó el Globo de Oro a la Mejor Banda Sonora en 1960 y fue nominado para el Premio de Academia. Stanley Kramer consiguió el BAFTA al Mejor Director.

En general, se considera que La Hora Final es una obra fallida pero notablemente poderosa. Poco dado a las sutilezas cuando se trataba de filmar una de sus célebres películas "con mensaje", Kramer tiende a enfatizar en exceso el horror de la guerra atómica y con ello diluye su impacto. En cambio, cuando deja a los hechos hablar por sí mismos, el film muestra toda su crudeza, haciendo olvidar sus aspectos más tópicos y melodramáticos. Una abrumadora sensación de desolación capta perfectamente la total falta de esperanza que constituye el tema central de la historia. A la fuerza de la película contribuyen las excelentes interpretaciones.

Tras la guerra atómica global de 1964 toda forma de vida es aniquilada en el Hemisferio Norte. El submarino americano USS Sawfish encuentra refugio en Australia, hogar de los últimos supervivientes y donde la población actúa como si no pasara nada a pesar de que es cuestión de tiempo que todo el mundo sucumba al envenenamiento por radiación; algunos se lanzan a un frenesí de rebeldía sin fin, otros hacen cola esperando pacientemente las píldoras para el suicidio proporcionadas por el gobierno. El capitán Dwight Towers conoce a la inestable Moira Davidson y trata de olvidar la pérdida de su familia en el holocausto. El científico nuclear Julian Osborn sufre por la culpa. El joven matrimonio Holmes ve con incredulidad cómo se acerca el final. Cuando se detecta una débil señal de radio procedente de San Diego, Towers y sus hombres zarpan hacia allí ante la posibilidad de que las lluvias hayan limpiado la atmósfera.

Dwight y Moira (foto: HorrorNews.net)

El teniente Peter Holmes intenta que Mary comprenda el destino que les aguarda (foto: HorrorNews.net)

Preparándose para encontrar la fuente de las señales de radio (foto: HorrorNews.net)

El capitán Towers y Osborn navegan hacia el norte para verificar la existencia del Efecto Jorgensen (foto: HorrorNews.net)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

La hora final (1959) on IMDb


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lunes, 9 de febrero de 2015

Mundo sin Fin

Volver a empezar


Mundo sin Fin es un largometraje de 1956 dirigido por Edward Bernds a partir de un guión escrito por él mismo. Fue producido por Richard Heermance para la modesta Allied Artists (sucesora de Monogram Pictures); a pesar de ello, se trata de una de las primeras películas de ciencia-ficción rodadas en CinemaScope y Technicolor, además del primer film estadounidense que desarrolla el tema del viaje en el tiempo. Lo protagonizaron Hugh Marlowe, Nancy Gates, Nelson Leigh, Rod Taylor, Shawn Smith (nombre de casada de Shirley Patterson) y Lisa Montell. En la historia, una nave espacial que vuelve de la primera misión a Marte atraviesa una extraña anomalía cósmica y acaba estrellándose en un planeta desconocido. Gradualmente los tripulantes comprenden que han llegado a una Tierra del siglo XXVI devastada por la guerra atómica.

Póster de la película (foto: Wikipedia)

Ésta fue una película ambiciosa para el estudio, cuya experiencia previa se ceñía a seriales y películas de serie B. No sólo fue filmada en color, sino que buena parte del rodaje se realizó en exteriores (en el conocido Rancho Iverson). Leith Stevens escribió una banda sonora de gran nivel. Aun así, la productora reutilizó imágenes de la anterior Vuelo a Marte (1951) para reducir costes — y a su vez Bernds emplearía material de Mundo sin Fin en la sin par La Reina del Espacio Exterior (1958). Junto a La Guerra de los Mundos (1953), Regreso a la Tierra (1955) y Planeta Prohibido (1956), "dignificó" el género al acercarlo al gran público.

El escenario postapocalíptico de Mundo sin Fin debe mucho a H. G. Wells. Los mutantes deformes que tiranizan a los decadentes humanos civilizados recuerdan a los Eloi y Morlocks de La Máquina del Tiempo (y por ello fue interpuesta una demanda; curiosamente, Rod Taylor protagonizaría en 1960 la adaptación El Tiempo en sus Manos), así como al enfrentamiento entre sofisticados tecnócratas y brutales señores feudales de La Forma de lo que Vendrá. Por otra parte, la premisa de los astronautas que regresan a un mundo futuro caído en la barbarie se adelanta varios años a El Planeta de los Simios. Una diferencia significativa es la optimista visión del porvenir en Mundo sin Fin; en esta segunda oportunidad, la raza humana intentará hacer las cosas bien. La "civilización perdida" subterránea, eso sí, no se libra de algunos clichés de la época, incluyendo hermosas princesas, malvados consejeros y torvos personajes acechando detrás de cada esquina.

La primera astronave que alcanza el Planeta Rojo vuelve a la Tierra, pero cae en un inexplicable fenómeno espacial que la acelera a una velocidad inmensa y deja inconscientes a sus cuatro tripulantes. Cuando recobran el sentido, se hallan en un planeta al que finalmente reconocen como la Tierra — en un lejano futuro. Tras ser perseguidos por horribles "Mutados" con un solo ojo, encuentran supervivientes de la agonizante civilización humana que ahora subsiste bajo tierra. Descubren que están en 2508, casi 400 años después de que una guerra atómica haya asolado el planeta. El oficial científico John Borden se enamora de Garnet, hija del líder Timmek — hecho que enfurece al consejero Mories, quien siempre había pensado que algún día ella sería suya. Mories trata de volver a su gente contra los intrusos, pero cae víctima de sus propias maquinaciones. Sabiendo por Deena, rescatada de la superficie años atrás, que los miembros de su pueblo son humanos normales cruelmente esclavizados por sus amos deformes, los viajeros del espacio y el tiempo se enfrentan a los Mutados y reclaman la Tierra para la Humanidad.

Se pierde el contacto con el cohete MRX (foto: TCM)

Los Mutados atacan a una desprevenida tripulación (foto: TCM)

¡Capturados! (foto: TCM)

Garnet y un Cíclope (foto: TCM)

Los hombres del siglo XX al rescate (foto: TCM)

En el diseño del vestuario intervino el legendario Alberto Vargas (foto: TCM)

Escena de la película (vídeo: YouTube)

Mundo sin fin (1956) on IMDb


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