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lunes, 28 de diciembre de 2015

Viaje a la Prehistoria

El río del tiempo


Viaje a la Prehistoria es una película checoslovaca de fantasía/ciencia-ficción en color dirigida y producida para los Estudios Gottwaldov por Karel Zeman en 1955. Se trata de la primera obra de Zeman que incluyó actores reales en combinación con animación de stop-motion y otras técnicas; Arnošt Kupcik, Jindrich Liska y Zeman fueron los responsables de los efectos especiales. El guión pertenece al propio director y a J. A. Novotný. Los cuatro intérpretes infantiles son Vladimír Bejval, Petr Herrmann, Zdeněk Husták y Josef Lukáš, los cuales se embarcan en un viaje en canoa hacia el pasado donde encuentran diversos animales antediluvianos. La trama recuerda vagamente a la novela Plutonia (1915), del paleontólogo ruso Vladimir Obruchev, y también a El Mundo Perdido (1912), de Sir Arthur Conan Doyle, pero es probable que su base literaria sea V pravěkém světě (1927), del escritor checo Arnošt Caha — aunque no aparece acreditado. El estilo documental del film, mostrando especies extintas en sus hábitats naturales, fue de lo más novedoso en su época y se adelantó a producciones posteriores que describían la vida prehistórica con propósitos educativos más que de entretenimiento. Emil František Burian y František Strangmüller compusieron la banda sonora.

Póster de la película (foto: Una Página de Cine)

En 1966 el empresario estadounidense William Clayton, cuya compañía había estado comercializando dibujos animados de producción soviética, estrenó una versión con metraje adicional filmado por Fred Ladd. Contenía un inicio y un final diferentes ambientados en el Museo Americano de Historia Natural, Nueva York, y fue editada en segmentos de unos seis minutos para ser exhibida como serial en varias cadenas de televisión.

Póster de la versión estadounidense (foto: Una Página de Cine)

El diseño de producción de Ivo Mrdzek, Zdeněk Rozkopal y Karel Zeman estuvo fuertemente influido por el paleo-arte del celebrado pintor checo Zdeněk Burian, y gran parte de la imaginería de la película se inspira en las reconstrucciones que Burian había pintado siguiendo las directrices del paleontólogo Josef Augusta. En algunas escenas (como la del Estiracosaurio), se emplearon pinturas originales de Burian animadas en tiempo real, mientras otras secuencias (como las del Dinoterio y el Uintaterio) combinaban modelos de dos y tres dimensiones filmados con stop-motion.

Estegosaurio acosado, según Burian (foto: Zdeněk Burian)

Posiblemente por razones de continuidad, también fueron utilizados perfiles en 2-D para mostrar especies actuales — bisontes, flamencos, antílopes o jirafas. En dos o tres casos aparecen intercaladas brevemente imágenes de animales reales y se animaron asimismo modelos de los actores y su embarcación. Además de las numerosas miniaturas, el equipo recurrió a modelos de animales y plantas de tamaño real. Estas heterodoxas técnicas permitieron que la película fuera muy distinta visualmente de las producciones de Hollywood características del período. Parte del rodaje tuvo lugar en localizaciones del río Morava, cerca de Bzenec, y en la reserva natural de Osypané břehy.

Para muchos, si Viaje a la Prehistoria no es una gran película, sí que es un entretenimiento fascinante. Aunque muy envejecida por la ingenuidad con la que se trata el tema, hay algo atractivo en esta inocencia. El espectador también puede encontrar pasado de moda el contenido científico y algunos de los efectos especiales, pero la naturaleza artificial de dichas secuencias tiene encanto propio y de hecho amplifica la atmósfera irreal de la historia. La falta de lógica de la película, dada su premisa, se disculpa fácilmente.

Cuatro amigos — Petr, Toník, Jenda y Jirka — navegan por un río que se adentra en una misteriosa cueva y sale a un extraño paisaje primitivo. A medida que remontan la corriente se dan cuenta de que están viajando más y más atrás en el tiempo, afrontando diversos peligros en el proceso — y aprendiendo mucho sobre la vida de hace millones de años.

El Mamut Lanudo observa a los chicos (foto: Česko-Slovenská filmová databáze)

Un Brontosaurio, tal como se llamaba a la especie en los años 1950 (foto: Česko-Slovenská filmová databáze)

El imponente Estiracosaurio (foto: Česko-Slovenská filmová databáze)

Los muchachos en el Período Carbonífero (foto: Česko-Slovenská filmová databáze)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

Cesta do praveku (1955) on IMDb


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lunes, 12 de octubre de 2015

The Twonky

Televisión basura


The Twonky es una comedia de ciencia-ficción estrenada en 1953 por United Artists. Fue producida por Arch Oboler, junto a A. D. Nast, Jr. y Sidney Pink. Oboler también dirigió el film y escribió su guión, basado en la historia corta epónima publicada en 1942 por el escritor de ciencia-ficción Lewis Padgett. Este pseudónimo designaba en realidad al notable matrimonio formado por los autores Henry Kuttner y C. L. Moore, quienes lo empleaban indistintamente trabajando en colaboración o por separado (y a menudo no sabían decir cuánto había escrito cada uno). La película cuenta cómo un hombre descubre que su televisor tiene poderes insólitos... y un plan oculto. Los principales intérpretes son Hans Conried, Gloria Blondell, Billy Lynn, Edwin Max y Janet Warren. La juguetona banda sonora pertenece a Jack Meakin.

Póster de la película (foto: FilmAffinity)

Arch Oboler había completado la película en 1951, pero no pudo encontrar un distribuidor. Tras el enorme éxito de su producción Bwana, Diablo de la Selva (1952), iniciadora de la efímera moda del 3-D en los primeros años 1950, The Twonky llegó finalmente a un pequeño número de salas. El resultado en taquilla fue malo. Los críticos consideraron que los aburridos diálogos, así como la pobre producción, eran sus mayores defectos y estropeaban algunas ideas por otra parte interesantes. Años más tarde, el estupendo Hans Conried recordaba haber advertido a Oboler que la película probablemente sería un fiasco, a lo cual el productor respondió «muy bien, de todas formas este año necesito desgravar impuestos».

Fotografía de J. R. Eyerman para la revista Life en la première de Bwana, Diablo de la Selva — un icono de la alienación (foto: Time Inc.)

En la historia original de Kuttner y Moore, un viajero del tiempo fabrica un "Twonky" con aspecto de receptor de radio y este dispositivo acaba en una casa particular, donde toma el control de la vida de su nuevo propietario. Oboler adaptó muy libremente este relato, conservando algunos gags, pero en su caso el peligroso aparato es un televisor. El guionista, una figura radiofónica gracias a su programa Lights Out (irónicamente, luego llevado a la televisión), dirigió su sátira hacia el nuevo medio de comunicación/alienación de masas; entre 1948 y 1951 la televisión había reducido a la mitad el número de espectadores en los cines y terminado con la Edad de Oro de la radio. Pero esta denuncia-venganza resulta forzada como comedia y es demasiado torpe y obvia como sátira — la sutileza nunca fue una virtud de Oboler. La película, no obstante, es indescriptiblemente extraña y tiene imágenes difíciles de olvidar.

En una pequeña ciudad universitaria, el profesor de Filosofía Cary West se queda solo en casa durante el fin de semana mientras su esposa Carolyn se marcha a visitar a su hermana. West, quien odia la televisión, desespera al descubrir que Carolyn ha comprado un aparato para que le haga compañía. Pronto se da cuenta de que tiene un problema mayor: el televisor es un "Twonky", una criatura del futuro diseñada para "ayudarle". Enciende su pipa, lava los platos y anuda su corbata, pero también toma por el profesor decisiones aparentemente arbitrarias. Censura libros y periódicos, elige la música y controla su trabajo; lee las mentes; y lanza descargas eléctricas a todo aquello que es "perjudicial" para West. Peor aún, resulta imposible librarse del Twonky...

Carolyn tiene una sorpresa para su marido — el instalador de la antena es una pista (foto: MovieStillsDB)

Incómoda presencia (foto: MovieStillsDB)

Harto de la programación (foto: MovieStillsDB)

Película completa (vídeo: YouTube)

The Twonky (1953) on IMDb


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lunes, 15 de junio de 2015

El Niño Invisible

El regreso de Robby


El Niño Invisible, también conocida como El Chico Invisible o S.O.S. Spaceship, es una película estadounidense de ciencia-ficción de 1957, producida por Nicholas Nayfack para Metro-Goldwyn-Mayer y dirigida por Herman Hoffman. Se trata de la segunda aparición cinematográfica de Robby el Robot, el personaje que atraía todas las miradas en Planeta Prohibido (estrenada el año anterior). El argumento insinúa que este robot es el mismo que fabricó Morbius en el siglo XXIII; de algún modo Robby viaja hacia atrás en el tiempo hasta los años 1950, lo que convierte a la película en una secuela muy peculiar de Planeta Prohibido. Completan el elenco el niño Richard Eyer, Philip Abbott, Diane Brewster, Harold J. Stone y Robert H. Harris. El guión de Cyril Hume se basa en un relato de Edmund Cooper publicado en el Saturday Evening Post, el cual combina con inconfundible espíritu naïf una inteligencia artificial hostil, el control mental, una invasión desde el espacio y la invisibilidad.

Póster de la película (foto: Wikipedia)

Del clásico Planeta Prohibido repiten el guionista Hume y el productor Nayfack, quien deseaba aprovechar la gran popularidad de Robby — así como amortizar el astronómico coste de la creación de Robert Kinoshita. Desde el punto de vista económico no le fue mal: según M-G-M, el film costó 384.000 dólares y recaudó 840.000 en todo el mundo. Para los críticos, sin embargo, es difícil decir si El Niño Invisible es una película buena o mala. Extrañamente cursi, a veces de manera intencionada, con numerosas incoherencias, dirigida sin la menor inspiración, y aun así asombrosamente sagaz, sofisticada y hasta irresistible en algunos de sus conceptos. Es al mismo tiempo un cuento sobre las aventuras de un niño travieso y una reflexión acerca de los peligros de la ciencia cuando ésta escapa al control del hombre. En particular, la noción de una supercomputadora que trata de apoderarse del mundo se anticipa en muchos años a títulos como Colossus: el Proyecto Prohibido (1970) o Terminator (1984). Como todo buen cuento infantil, esta inocente historia para toda la familia esconde un reverso muy tenebroso, que sitúa al pequeño Timmie al borde de un final horripilante.

Richard Eyer interpreta su papel con gran naturalidad, evitando resultar empalagoso incluso donde el guión se lo pone más fácil. El resto del reparto es más bien inexpresivo, sin mirar dos veces al robot del siglo XXIII que se pasea por laboratorios, oficinas o la misma casa de Timmie — un robot montado por un crío de diez años. Este inefable surrealismo recuerda a películas como Invasores de Marte y atrapa a los espectadores más jóvenes con especial eficacia. En su propio estilo modesto, El Niño Invisible es sin duda una fascinante muestra de la cultura pop de su tiempo.

El severo doctor Tom Merrinoe dirige el Instituto de Matemáticas Stoneman, un centro de investigación del más alto nivel cuyos recursos incluyen a la gigantesca Súper-Computadora. Actualmente colabora con los militares para poner en órbita una estación espacial vital para la seguridad de la nación. Pero en su hogar la vida es menos satisfactoria. Su hijo de diez años Timmie está más interesado en hacer diabluras que en estudiar, y ni él ni su amante esposa Mary pueden motivarlo para que aprenda las matemáticas más básicas. Exasperado, el padre lleva a Timmie al Instituto para mostrarle la importancia de su trabajo. Cuando el niño se queda a solas en el laboratorio, el cerebro electrónico implanta una sugestión posthipnótica en su mente. De repente Timmie adquiere asombrosas habilidades para el ajedrez, las matemáticas y la electrónica. Su primera tarea consiste en ensamblar las piezas de un robot que el doctor Merrinoe y sus colegas han arrinconado como un montón de chatarra; según el difunto predecesor de Merrinoe, la máquina — llamada Robby — y sus planos proceden del siglo XXIII, algo puesto en duda por los científicos. Pronto Robby es el mejor compinche del niño en sus bromas y aventuras, proporcionándole incluso un medio para hacerse invisible y así evitar los castigos. Pero tras el inocente entusiasmo con que ayuda al niño, el hombre mecánico parece estar obedeciendo dos tipos de órdenes: unas de Timmie, y otras, mucho más insidiosas, de la Súper-Computadora...

Timmie devuelve la "vida" a Robby (foto: TCM)

Robby atraviesa una lluvia de balas, granadas de bazooka y fuego de lanzallamas (foto: TCM)

A punto de hacer invisible al muchacho (foto: TCM)

Se desvelan los planes de la Súper-Computadora (foto: TCM)

El general Swayne presiona al doctor Merrinoe (foto: TCM)

Los Merrinoe, indefensos ante el enloquecido cerebro electrónico y su esbirro mecánico (foto: TCM)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

The Invisible Boy (1957) on IMDb


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lunes, 1 de junio de 2015

Cerebro Atómico

Videncia radiactiva


El poco conocido thriller de ciencia-ficción Cerebro Atómico fue dirigido por Ken Hughes, siendo estrenado en Gran Bretaña con el título de Timeslip en 1955 y en los Estados Unidos como The Atomic Man al año siguiente. El prolífico especialista en el género Charles Eric Maine (seudónimo de David McIlwain) escribió el guión; Maine lo convertiría posteriormente en la novela The Isotope Man. Como otros films británicos de la época, contaba con la presencia de una estrella norteamericana, a saber, Faith Domergue, para facilitar el acceso a las carteleras estadounidenses. Otros miembros del reparto son Gene Nelson, Peter Arne, Joseph Tomelty y Vic Perry. La película fue producida por Alec C. Snowden para la pequeña Merton Park Studios. Anglo-Amalgamated la distribuyó en su país natal y Allied Artists en los Estados Unidos. La historia relata cómo un intrépido reportero y su novia investigan el misterio que rodea a un científico atómico al cual sus experimentos han "adelantado" unos pocos segundos en el futuro.

Póster de la versión estadounidense (foto: AllMovie)

La pintoresca base científica de Timeslip — para empezar, la idea de que una persona pueda sobrevivir tras exponerse regularmente a grandes niveles de radiación — es una característica distintiva de las ingenuas películas de los años 1950, algo heredado de las revistas pulp de la primera mitad del siglo XX y que transmitiría a los comics de superhéroes de la célebre Edad de Plata. Con todo, los críticos no culpan a esta película por desafiar la lógica, sino por desaprovechar un punto de partida fascinante: el de un hombre que vive siete segundos y medio en el futuro. Esto abre un amplio surtido de posibilidades, pocas de las cuales se utilizan con imaginación en el film. En su lugar, la película deviene una clásica historia de espías — incluyendo tópicos tales como personajes que se hacen la cirugía plástica para suplantar a otros. La premisa inicial sirve, fundamentalmente, para elevar el suspense, desconcertando a los protagonistas e impidiéndoles descubrir la conspiración hasta que es casi demasiado tarde. No obstante, el director Ken Hughes mantiene alto el ritmo y las interpretaciones son razonablemente buenas. El personaje algo anacrónico de Gene Nelson, un sagaz y marrullero periodista que parece sacado de las películas de los años 1930, aporta una bienvenida dosis de energía. El film se puede ver gratuitamente en The Internet Archive.

La policía saca del Támesis a un hombre sin identidad con una bala en la espalda. Un fotógrafo de la revista View toma una instantánea antes de que trasladen al herido; cuando el periodista Mike Delaney contempla la fotografía, se asombra al ver un extraño halo que envuelve el cuerpo. Delaney está seguro de que el desconocido es el doctor Stephen Rayner, un científico americano desaparecido, y junto a su indulgente novia Jill Rabowski (también reportera gráfica) corre al hospital. Allí el supuesto doctor Rayner llega a estar clínicamente muerto durante unos segundos, pero se recobra milagrosamente. Delaney cuenta su teoría al inspector Cleary, a cargo del caso, pero éste es escéptico y poco después le confirma que acaba de hablar por teléfono con el científico. Al día siguiente Mike y Jill visitan el Instituto de Investigación Nuclear Brant, donde ven al doctor Rayner con diversos vendajes en el rostro a resultas de un accidente de automóvil. Entretanto, en el hospital, el herido recupera la consciencia, pero parece confuso y responde a las preguntas de un modo muy peculiar — antes de que sean formuladas. Al intentar examinarlo con rayos X, se descubre que su cuerpo es altamente radiactivo...

Un halo luminoso vela las fotografías del "hombre sin nombre" (foto: The Dwrayger Dungeon)

Rayner no siente interés por la historia del desconocido (foto: The Dwrayger Dungeon)

¿Quién es el misterioso señor Vasquo? (foto: The Dwrayger Dungeon)

El hombre radiactivo entrega gradualmente sus secretos (foto: The Dwrayger Dungeon)

Jill encuentra pruebas de que hay un macabro plan en marcha... (foto: The Dwrayger Dungeon)

... Pero paga un alto precio (foto: The Dwrayger Dungeon)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

Timeslip (1955) on IMDb


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lunes, 9 de febrero de 2015

Mundo sin Fin

Volver a empezar


Mundo sin Fin es un largometraje de 1956 dirigido por Edward Bernds a partir de un guión escrito por él mismo. Fue producido por Richard Heermance para la modesta Allied Artists (sucesora de Monogram Pictures); a pesar de ello, se trata de una de las primeras películas de ciencia-ficción rodadas en CinemaScope y Technicolor, además del primer film estadounidense que desarrolla el tema del viaje en el tiempo. Lo protagonizaron Hugh Marlowe, Nancy Gates, Nelson Leigh, Rod Taylor, Shawn Smith (nombre de casada de Shirley Patterson) y Lisa Montell. En la historia, una nave espacial que vuelve de la primera misión a Marte atraviesa una extraña anomalía cósmica y acaba estrellándose en un planeta desconocido. Gradualmente los tripulantes comprenden que han llegado a una Tierra del siglo XXVI devastada por la guerra atómica.

Póster de la película (foto: Wikipedia)

Ésta fue una película ambiciosa para el estudio, cuya experiencia previa se ceñía a seriales y películas de serie B. No sólo fue filmada en color, sino que buena parte del rodaje se realizó en exteriores (en el conocido Rancho Iverson). Leith Stevens escribió una banda sonora de gran nivel. Aun así, la productora reutilizó imágenes de la anterior Vuelo a Marte (1951) para reducir costes — y a su vez Bernds emplearía material de Mundo sin Fin en la sin par La Reina del Espacio Exterior (1958). Junto a La Guerra de los Mundos (1953), Regreso a la Tierra (1955) y Planeta Prohibido (1956), "dignificó" el género al acercarlo al gran público.

El escenario postapocalíptico de Mundo sin Fin debe mucho a H. G. Wells. Los mutantes deformes que tiranizan a los decadentes humanos civilizados recuerdan a los Eloi y Morlocks de La Máquina del Tiempo (y por ello fue interpuesta una demanda; curiosamente, Rod Taylor protagonizaría en 1960 la adaptación El Tiempo en sus Manos), así como al enfrentamiento entre sofisticados tecnócratas y brutales señores feudales de La Forma de lo que Vendrá. Por otra parte, la premisa de los astronautas que regresan a un mundo futuro caído en la barbarie se adelanta varios años a El Planeta de los Simios. Una diferencia significativa es la optimista visión del porvenir en Mundo sin Fin; en esta segunda oportunidad, la raza humana intentará hacer las cosas bien. La "civilización perdida" subterránea, eso sí, no se libra de algunos clichés de la época, incluyendo hermosas princesas, malvados consejeros y torvos personajes acechando detrás de cada esquina.

La primera astronave que alcanza el Planeta Rojo vuelve a la Tierra, pero cae en un inexplicable fenómeno espacial que la acelera a una velocidad inmensa y deja inconscientes a sus cuatro tripulantes. Cuando recobran el sentido, se hallan en un planeta al que finalmente reconocen como la Tierra — en un lejano futuro. Tras ser perseguidos por horribles "Mutados" con un solo ojo, encuentran supervivientes de la agonizante civilización humana que ahora subsiste bajo tierra. Descubren que están en 2508, casi 400 años después de que una guerra atómica haya asolado el planeta. El oficial científico John Borden se enamora de Garnet, hija del líder Timmek — hecho que enfurece al consejero Mories, quien siempre había pensado que algún día ella sería suya. Mories trata de volver a su gente contra los intrusos, pero cae víctima de sus propias maquinaciones. Sabiendo por Deena, rescatada de la superficie años atrás, que los miembros de su pueblo son humanos normales cruelmente esclavizados por sus amos deformes, los viajeros del espacio y el tiempo se enfrentan a los Mutados y reclaman la Tierra para la Humanidad.

Se pierde el contacto con el cohete MRX (foto: TCM)

Los Mutados atacan a una desprevenida tripulación (foto: TCM)

¡Capturados! (foto: TCM)

Garnet y un Cíclope (foto: TCM)

Los hombres del siglo XX al rescate (foto: TCM)

En el diseño del vestuario intervino el legendario Alberto Vargas (foto: TCM)

Escena de la película (vídeo: YouTube)

Mundo sin fin (1956) on IMDb


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