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lunes, 18 de julio de 2016

El Coloso de Nueva York

Experiencia extracorpórea


El Coloso de Nueva York es una película de ciencia-ficción de 1958 producida por William Alland y dirigida por Eugène Lourié. Paramount Pictures la estrenó encabezando un cartel que incluía Hijos del Espacio, otro proyecto de Alland. Sus protagonistas son John Baragrey, Mala Powers, Otto Kruger, Robert Hutton, Ross Martin y el niño Charles Herbert (con Ed Wolff como El Coloso). El poco sutil guión de Thelma Schnee, basado en un argumento de Willis Goldbeck, cuenta cómo un científico trasplanta el cerebro de su brillante hijo, muerto en accidente, a un enorme robot — con desastrosas y predecibles consecuencias. El film destaca por la minimalista e inquietante música de Van Cleave.

Póster de la película (foto: FilmAffinity)

Alland había producido casi todos los grandes éxitos del género para Universal-International en los años 1950, pasando de las imaginativas y técnicamente notables Vinieron del Espacio (1953) y La Mujer y el Monstruo (1954) a mediocridades como Bajo el Signo de Ishtar (1956) y El Monstruo Alado (1957). El productor aceptó una oferta más esperanzadora de Paramount, la cual no obstante llevó a un par de películas tan baratas, al menos, como cualquiera de las que había hecho en Universal. A primera vista había grandes posibilidades en una historia que tomaba ideas de El Golem o El Doctor Frankenstein, pero el presupuesto impidió que El Coloso de Nueva York fuese algo más que una modesta película de monstruos atractiva más que nada para el público infantil — el concepto básico sería mucho mejor aprovechado en la impresionante RoboCop (1987).

Eugène Lourié — quien dirigió el film mientras esperaba el visto bueno para la mucho más prometedora El Monstruo Submarino — completó el rodaje en ocho días; una de las escenas, la del funeral, se tuvo que filmar dos veces después de que el actor Ross Martin se durmiera en el ataúd y sus ronquidos resultasen claramente audibles. Lourié sería bastante despectivo acerca de El Coloso..., afirmando que recordaba tan poco de ella «como de la escarlatina que tuve a los ocho años», y tampoco supuso precisamente un hito en las carreras de los demás miembros del equipo. No obstante, a pesar de la falta de complejidad de la historia, el director se las arregló para introducir algunos conseguidos elementos de irrealidad que aportan un tono de ensueño al film. A ello contribuye la inusual banda sonora, compuesta para un solo piano (lo cual pudo haber sido una medida puramente económica o incluso haber tenido algo que ver con una huelga de los músicos del estudio).

El Coloso fue diseñado y fabricado por Charles Gemora y Ralph Jester, quienes concibieron un traje de cerca de dos metros y medio de alto que pesaba 75 kilos. En su interior contaba con baterías, cables, tanques de aire comprimido y tubos de oxígeno que accionaban las partes mecánicas y permitían respirar a Ed Wolff. Dado que se tardaba cuarenta minutos en meter y sacar a Wolff del traje, se construyó un armazón especial para que pudiese descansar entre toma y toma. Los efectos visuales fueron obra de Farciot Edouart y John P. Fulton.

La genial y acaudalada familia Spensser está celebrando la concesión del Premio Nobel de la Paz al joven Jeremy cuando se conoce la noticia de su fallecimiento en accidente. El padre, el neurocirujano William Spensser, lleva el cuerpo a su laboratorio pero horas después admite que sus esfuerzos para revivirlo han fracasado. Pero el doctor ha extraído en secreto el cerebro de Jeremy, y con ayuda de Henry, su otro hijo y especialista en autómatas, construye un cuerpo artificial para albergarlo. Un año más tarde, Jeremy ha desarrollado percepción extrasensorial para compensar la falta de otros sentidos, así como otros extraños poderes. Pero también sufre una profunda alienación... que lo lleva a planear una grandiosa venganza contra la "inútil" Humanidad que una vez amó.

Jeremy "Jerry" Spensser, genio y filántropo, con su hijo Billy (foto: DVDBeaver)

El brillante pero débil Henry Spensser (foto: DVDBeaver)

Sumergido en fluido preservador está el cerebro de Jeremy — mas, ¿también su alma? (foto: DVDBeaver)

El doctor William Spensser ¿visionario o lunático? (foto: DVDBeaver)

El Coloso despierta (foto: DVDBeaver)

Anne descubrirá el destino de su esposo (foto: DVDBeaver)

«¡Creo que algo ha salido mal!» (foto: DVDBeaver)

Reencuentro con Billy (foto: DVDBeaver)

Inesperado regreso a las Naciones Unidas (foto: DVDBeaver)

Matanza (foto: DVDBeaver)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

The Colossus of New York (1958) on IMDb


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lunes, 9 de noviembre de 2015

Gog, el Monstruo de Cinco Manos

Frankenstein de acero


Gog, el Monstruo de Cinco Manos es una película estadounidense de 1954 dirigida por Herbert L. Strock y resulta notable por haber sido filmada en Eastmancolor, formato panorámico y tres dimensiones. El film fue distribuido por United Artists. Constituye el tercer y último episodio en la serie del productor Ivan Tors sobre la Oficina de Investigación Científica (OSI en las siglas en inglés), después de El Monstruo Magnético (1953) y El Cohete Conquistador (1954). El guión de Tom Taggart se basa en una historia de Tors (con diálogos de Richard G. Taylor). Cuenta las andanzas de un agente de seguridad enviado a investigar un posible sabotaje en una base secreta, cuyo funcionamiento está coordinado por una supercomputadora y sus dos robots. El reparto lo encabezan Richard Egan, Constance Dowling y Herbert Marshall. Harry Sukman escribió la banda sonora.

Póster de la película (foto: Wrong Side of the Art!)

Parte del rodaje — que se completó en quince días — tuvo lugar en la antigua Base de la Fuerza Aérea de George, en Victorville, California. La escena del centrifugador se filmó en la Universidad del Sur de California; los actores se sintieron tan mareados que hubo que sustituirlos por muñecos. El actor Billy Curtis, afectado de enanismo, manipuló desde el interior a los robots GOG y MAGOG, los cuales poseían un aspecto marcadamente no humanoide que recuerda al de los Daleks — y que acentúa su aureola maligna. A pesar del estudiado uso del color en vestuario y decorados, la película es sorprendentemente sobria en la explotación del 3-D, quizás debido a que el director Herbert Strock tenía visión monocular y en consecuencia no percibía imágenes tridimensionales. El coste del film se quedó en unos ajustados 250.000 dólares. Al estrenarse en el ocaso de la moda del 3-D, la versión estereoscópica (que requería dos proyectores) se exhibió en muy pocas salas antes de que la distribuidora la retirase.

Como las anteriores entregas de la trilogía, Gog es un film considerablemente más interesado en la ciencia que en la ficción. Los personajes e incluso la acción básica quedan en un segundo plano, mientras la historia se centra en especular cómo reaccionaría la Humanidad (representada por arquetipos oficiales, militares y científicos característicos) ante ciertas amenazas tecnológicas. No por casualidad, Tors sacó los nombres de sus robots de un pasaje de la Biblia (Ezequiel, Capítulo 18) que se refiere al Apocalipsis. Este concepto pudo haber sido ligeramente repelente para el público infantil, aunque los niños que sí lo vieron en su día encontraron elementos inquietantes y aterradores; al mismo tiempo, atrajo a espectadores más maduros, ayudándose de un reparto que ponía al film por encima de sus congéneres. La recepción fue buena y muchos críticos destacaron la base científica de la película (una "cuestión de honor" para Tors en sus producciones de ciencia-ficción).

Cuando dos científicos de una instalación gubernamental de alto secreto dedicada a la investigación espacial pierden la vida — en sus propios laboratorios, durante un experimento de hibernación inducida — el doctor David Sheppard es enviado para esclarecer los hechos. Sheppard se introduce con facilidad en el excéntrico grupo de científicos... aunque en permanente riesgo de distracción por la presencia de Joanna Merritt, supuesta ayudante del director del proyecto, el doctor Van Ness, pero en realidad otra agente de seguridad. Sheppard está tan confundido como el que más por los inexplicables acontecimientos ocurridos en el complejo subterráneo (equipo en buen estado que de repente sufre fallos mortales, radares que detectan aviones inexistentes), hasta que los relaciona con las funciones de NOVAC (Computadora Automática Variable de Operación Nuclear), el cerebro electrónico de la base. Pero el misterio aumenta cuando descubre que NOVAC estuvo desconectada durante uno de los "accidentes" — y que ni siquiera sus operadores pueden dar cuenta del paradero de GOG y MAGOG, los dos robots bajo control de la computadora.

El doctor Van Ness y su ayudante Joanna reciben al doctor Sheppard (foto: Forgotten Films)

La base subterránea emula el diseño de una futura estación espacial (foto: Forgotten Films)

MAGOG y GOG (foto: Forgotten Films)

Otro de los misteriosos "accidentes" acaba con un sujeto de prueba (foto: Forgotten Films)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

Gog, el monstruo de cinco manos (1954) on IMDb


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lunes, 26 de octubre de 2015

Ultimátum a la Tierra

«¡Klaatu barada nikto!»


El clásico estadounidense de 1951 Ultimátum a la Tierra (llamado también El Día que Paralizaron la Tierra, El Día que se Paralizó la Tierra o El Día que la Tierra se Detuvo) fue producido por Julian Blaustein para 20th Century-Fox y dirigido por Robert Wise. El guión de Edmund H. North — con el escritor de ciencia-ficción Raymond F. Jones como asesor no acreditado — se basa en elementos del relato Farewell to the Master de Harry Bates, publicado originalmente en la revista pulp Astounding Science-Fiction en 1940. El film está protagonizado por Michael Rennie, Patricia Neal, Hugh Marlowe, Sam Jaffe y el joven Billy Gray. La extraordinaria banda sonora fue compuesta por Bernard Herrmann. En la historia, un humanoide alienígena de nombre Klaatu visita la Tierra, escoltado por su poderoso robot Gort, para entregar un importante mensaje a los representantes de todas las naciones. Cuando la comunicación se vuelve difícil, Klaatu elige una estrategia alternativa. El film se adaptó para la radio en 1954 y existe asimismo un remake de 2008. Ultimátum a la Tierra, concebida como una alegoría del miedo y la suspicacia que caracterizaron la Guerra Fría, está considerada casi unánimemente una de las mejores películas de ciencia-ficción de todos los tiempos.

Póster de la película (foto: FilmAffinity)

El productor Julian Blaustein se propuso hacer una película que ilustrara la paranoia de principios de la Era Atómica y promoviera la cooperación internacional. Para ello revisó más de doscientos relatos y novelas de ciencia-ficción buscando un argumento apropiado, ya que el género se prestaba a una discusión metafórica — y por lo tanto menos controvertida — de tan grave asunto. El estudio pagó a Harry Bates únicamente 500 dólares por los derechos de la historia original, la cual desarrolló Edmund North (un antiguo oficial del Ejército) para denunciar la escalofriante proliferación de armas nucleares. El audaz antimilitarismo del proyecto atrajo a Robert Wise — quien además creía en los OVNI. North incluyó varias comparaciones subliminales entre Klaatu y Jesucristo, y las habilidades de Gort sobresaltaron al censor designado por la Asociacion de Películas de América, que exigió añadir una línea: cuando Patricia Neal pregunta si el robot tiene poder ilimitado sobre la vida y la muerte, Michael Rennie responde «[eso] está reservado al Espíritu Todopoderoso» (el cambio desagradó profundamente tanto a North como a Wise).

Wise trató de que la película fuese lo más realista posible. Así, algunos famosos periodistas radiofónicos de la época — H. V. Kaltenborn, Elmer Davis, Drew Pearson y Gabriel Heatter — hicieron de sí mismos en cameos. Entre los candidatos a los papeles principales estuvieron Claude Rains y Spencer Tracy (Klaatu), Anne Baxter (Helen) o Jack Palance (Gort). El icónico robot fue interpretado finalmente por Lock Martin, quien era acomodador en el Teatro Chino de Grauman y medía 2,10 metros. Debido a su frágil constitución, Martin nunca pasó más de media hora seguida dentro del incómodo disfraz.

El arquitecto Frank Lloyd Wright colaboró en el diseño de la nave espacial, cuyo futurista interior recuerda a la sede de la Johnson Wax. Wright imaginó el exterior del platillo volante fabricado con un material sin uniones que se comportaba «como un tejido vivo». Análogamente, Gort parecía carecer de juntas o articulaciones; este efecto se consiguió mediante dos trajes, abiertos respectivamente por delante y por detrás, y encuadrados en el ángulo correcto. Casi todos los exteriores se filmaron en los estudios de la Fox. Una segunda unidad rodó escenas menores en Washington, D.C. y Fort Meade, Maryland. El Departamento de Guerra declinaría participar en el film tras leer el guión: todo el equipo militar procedió de la Guardia Nacional de Virginia. El presupuesto final ascendió a 995.000 dólares.

La fascinante y revolucionaria partitura de Bernard Herrmann utilizaba marimba, tam-tam, celesta, instrumentos de cuerda eléctricos, dos theremin (interpretados por Samuel Hoffman y Paul Shure), dos órganos Hammond, tres vibráfonos, dos Glockenspiele y dos arpas, junto a instrumentos menos exóticos. Herrmann experimentó con técnicas de grabación insólitas y produjo una de las primeras obras de música electrónica (algo que pasa por alto frecuentemente la crítica "culta").

En el momento del estreno Ultimátum a la Tierra tuvo un moderado éxito, acumulando 1.850.000 dólares en los Estados Unidos y Canadá. La mayor parte de los críticos locales elogiaron su realismo y seriedad pero también hallaron «ciertos elementos subversivos». La recepción en el extranjero fue más entusiasta — valoración que se ha generalizado hoy en día. La frase "Klaatu barada nikto", creada por North junto al lenguaje alienígena del film, forma parte de la cultura popular y ha sido objeto de artículos, documentales, parodias y homenajes (destacando el de Sam Raimi en El Ejército de las Tinieblas).

Washington, D.C. es presa del pánico cuando una nave espacial aterriza cerca de la Casa Blanca. De ella sale Klaatu, un viajero interplanetario de voz suave, cuyo "guardaespaldas" es un enorme robot que dispara rayos llamado Gort. Herido por un soldado, Klaatu anuncia que tiene un mensaje de vital importancia para la Humanidad, el cual sólo transmitirá si los líderes mundiales acceden a reunirse con él. Dada la situación política, su demanda se ignora y es confinado en un hospital. Klaatu escapa y busca refugio en una pensión, donde se hace pasar por un tal "Sr. Carpenter". Allí el alienígena se gana la confianza de la encantadora viuda Helen Benson y su hijo Bobby, ninguno de los cuales cae en la cuenta de su origen extraterrestre, y buscan la ayuda del eminente científico profesor Barnhardt. Al día siguiente, exactamente a las doce en punto, Klaatu hace que la Tierra "se detenga" — cortando toda la energía eléctrica del mundo.

Un platillo volante sobre Washington (foto: DVDBeaver)

Klaatu, atacado (foto: DVDBeaver)

Aparece Gort (foto: DVDBeaver)

Helen Benson y su prometido Tom Stevens (foto: DVDBeaver)

Bobby y el "Sr. Carpenter" (foto: DVDBeaver)

El profesor Jacob Barnhardt (foto: DVDBeaver)

Se avecinan represalias (foto: DVDBeaver)

Gort ejercita sus poderes (foto: DVDBeaver)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

Ultimátum a la Tierra (1951) on IMDb


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lunes, 20 de julio de 2015

Invasores de Otros Mundos

¿A dónde se han ido todos?


Invasores de Otros Mundos (a veces llamada Objetivo: la Tierra) es una película en blanco y negro producida por Herman Cohen para la compañía independiente Abtcon Pictures en 1954. La distribuyó la modesta Allied Artists Pictures Corporation. El guión de James H. Nicholson, Wyott Ordung y Bill Raynor se basa en el relato Deadly City, que el escritor Paul W. Fairman publicó — bajo el pseudónimo de Ivar Jorgensen — en marzo de 1953 dentro de la revista de ciencia-ficción If. Fue dirigida por Sherman A. Rose, más conocido como técnico de montaje, y en el reparto aparecen Richard Denning, Kathleen Crowley, Virginia Grey, Richard Reeves, Robert Roark, Mort Marshall y Whit Bissell. La banda sonora es obra de Paul Dunlap. La historia de Invasores de Otros Mundos transcurre en una desierta ciudad de Chicago, donde un pequeño grupo de personas ha quedado atrás en la evacuación ordenada por la sorpresiva invasión de seres robóticos hostiles del planeta Venus

Póster de la película (foto: Wikipedia)

La producción se vio condicionada por el extremadamente limitado presupuesto de 85.000 dólares. El rodaje comenzó en julio de 1954 en los Estudios Kling, dentro de un apretado calendario de siete días que también incluía los exteriores. Aunque ambientada en Chicago, la película se filmó en Los Ángeles (lo cual es claramente perceptible); los planos que muestran las calles desiertas tuvieron que ser rodados en pleno centro a primerísima hora de la mañana, ya que el equipo carecía de permisos para interrumpir la circulación. El "ejército de robots" que se menciona varias veces en el film se componía en realidad de un único ejemplar, utilizado en todas las escenas de la invasión y que, lógicamente, sólo muestran un robot a la vez. Cuando el actor Steve Calvert, quien vestía el traje de androide, no estaba ocupado con películas de serie B, trabajaba como barman en el Ciro's de Sunset Strip.

Existe la opinión generalizada de que Invasores de Otros Mundos empieza de manera muy prometedora y acaba convirtiéndose en una película aburrida y sin interés. Ciertamente, el punto de partida — los protagonistas despertándose en un mundo de silencio sepulcral, la ciudad inexplicablemente vacía — es fascinante y lo comparten producciones como 28 Días Después o la televisiva The Walking Dead. Sin embargo, la incertidumbre por lo que está pasando no se mantiene mucho tiempo y la tensión decae. El film tampoco puede sobreponerse a su bajo presupuesto, con un robot calificado como «simplemente decepcionante» que poco tiene que ver con la imagen del cartel.

El personaje de Davis, un psicópata que aparece algo forzadamente en la segunda mitad del film, supuso el primer papel acreditado de Robert Roark; su padre, médico en Los Ángeles, invirtió una importante cantidad en la producción a cambio de que el hijo saliera en la película (posteriormente Roark intervendría en numerosos largometrajes y series de televisión hasta su temprana muerte).

Tras un frustrado intento de suicidio, la joven viuda Nora King recupera la consciencia en una ciudad de Chicago repentina y misteriosamente abandonada. Se encuentra por casualidad con Frank Brooks, un tipo atractivo y de pasado cuestionable, y más tarde hallan a la mal avenida pareja formada por Vicki Harris y Jim Wilson. Los cuatro desconocidos se ven obligados a unir fuerzas contra un enemigo común: un ejército invasor de enormes robots, el cual se cree procedente del planeta Venus. Logran contactar con un equipo de científicos y militares que han capturado a una de las máquinas y descubierto su punto débil. Pero en su huída tropiezan con un nuevo peligro, Davis, un asesino al que los robots venusianos le traen sin cuidado...

Nora siente pánico cuando descubre que no está sola en el mundo; las imágenes pertenecen a la serie de lobby cards del film (foto: 3B Theater Poster Archive)

Otro superviviente, Charles Otis, informa al cuarteto (foto: 3B Theater Poster Archive)

Davis se pasa de la raya (foto: 3B Theater Poster Archive)

«¡Muerta!» (foto: 3B Theater Poster Archive)

Jim hace frente al invasor (foto: 3B Theater Poster Archive)

No hay escapatoria (foto: 3B Theater Poster Archive)

Escena de la película (vídeo: YouTube)

Invasores de otros mundos (1954) on IMDb


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lunes, 15 de junio de 2015

El Niño Invisible

El regreso de Robby


El Niño Invisible, también conocida como El Chico Invisible o S.O.S. Spaceship, es una película estadounidense de ciencia-ficción de 1957, producida por Nicholas Nayfack para Metro-Goldwyn-Mayer y dirigida por Herman Hoffman. Se trata de la segunda aparición cinematográfica de Robby el Robot, el personaje que atraía todas las miradas en Planeta Prohibido (estrenada el año anterior). El argumento insinúa que este robot es el mismo que fabricó Morbius en el siglo XXIII; de algún modo Robby viaja hacia atrás en el tiempo hasta los años 1950, lo que convierte a la película en una secuela muy peculiar de Planeta Prohibido. Completan el elenco el niño Richard Eyer, Philip Abbott, Diane Brewster, Harold J. Stone y Robert H. Harris. El guión de Cyril Hume se basa en un relato de Edmund Cooper publicado en el Saturday Evening Post, el cual combina con inconfundible espíritu naïf una inteligencia artificial hostil, el control mental, una invasión desde el espacio y la invisibilidad.

Póster de la película (foto: Wikipedia)

Del clásico Planeta Prohibido repiten el guionista Hume y el productor Nayfack, quien deseaba aprovechar la gran popularidad de Robby — así como amortizar el astronómico coste de la creación de Robert Kinoshita. Desde el punto de vista económico no le fue mal: según M-G-M, el film costó 384.000 dólares y recaudó 840.000 en todo el mundo. Para los críticos, sin embargo, es difícil decir si El Niño Invisible es una película buena o mala. Extrañamente cursi, a veces de manera intencionada, con numerosas incoherencias, dirigida sin la menor inspiración, y aun así asombrosamente sagaz, sofisticada y hasta irresistible en algunos de sus conceptos. Es al mismo tiempo un cuento sobre las aventuras de un niño travieso y una reflexión acerca de los peligros de la ciencia cuando ésta escapa al control del hombre. En particular, la noción de una supercomputadora que trata de apoderarse del mundo se anticipa en muchos años a títulos como Colossus: el Proyecto Prohibido (1970) o Terminator (1984). Como todo buen cuento infantil, esta inocente historia para toda la familia esconde un reverso muy tenebroso, que sitúa al pequeño Timmie al borde de un final horripilante.

Richard Eyer interpreta su papel con gran naturalidad, evitando resultar empalagoso incluso donde el guión se lo pone más fácil. El resto del reparto es más bien inexpresivo, sin mirar dos veces al robot del siglo XXIII que se pasea por laboratorios, oficinas o la misma casa de Timmie — un robot montado por un crío de diez años. Este inefable surrealismo recuerda a películas como Invasores de Marte y atrapa a los espectadores más jóvenes con especial eficacia. En su propio estilo modesto, El Niño Invisible es sin duda una fascinante muestra de la cultura pop de su tiempo.

El severo doctor Tom Merrinoe dirige el Instituto de Matemáticas Stoneman, un centro de investigación del más alto nivel cuyos recursos incluyen a la gigantesca Súper-Computadora. Actualmente colabora con los militares para poner en órbita una estación espacial vital para la seguridad de la nación. Pero en su hogar la vida es menos satisfactoria. Su hijo de diez años Timmie está más interesado en hacer diabluras que en estudiar, y ni él ni su amante esposa Mary pueden motivarlo para que aprenda las matemáticas más básicas. Exasperado, el padre lleva a Timmie al Instituto para mostrarle la importancia de su trabajo. Cuando el niño se queda a solas en el laboratorio, el cerebro electrónico implanta una sugestión posthipnótica en su mente. De repente Timmie adquiere asombrosas habilidades para el ajedrez, las matemáticas y la electrónica. Su primera tarea consiste en ensamblar las piezas de un robot que el doctor Merrinoe y sus colegas han arrinconado como un montón de chatarra; según el difunto predecesor de Merrinoe, la máquina — llamada Robby — y sus planos proceden del siglo XXIII, algo puesto en duda por los científicos. Pronto Robby es el mejor compinche del niño en sus bromas y aventuras, proporcionándole incluso un medio para hacerse invisible y así evitar los castigos. Pero tras el inocente entusiasmo con que ayuda al niño, el hombre mecánico parece estar obedeciendo dos tipos de órdenes: unas de Timmie, y otras, mucho más insidiosas, de la Súper-Computadora...

Timmie devuelve la "vida" a Robby (foto: TCM)

Robby atraviesa una lluvia de balas, granadas de bazooka y fuego de lanzallamas (foto: TCM)

A punto de hacer invisible al muchacho (foto: TCM)

Se desvelan los planes de la Súper-Computadora (foto: TCM)

El general Swayne presiona al doctor Merrinoe (foto: TCM)

Los Merrinoe, indefensos ante el enloquecido cerebro electrónico y su esbirro mecánico (foto: TCM)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

The Invisible Boy (1957) on IMDb


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lunes, 16 de febrero de 2015

La Diabla de Marte

Por las buenas o por las malas


La Diabla de Marte es una película británica de 1954 producida de manera independiente por los hermanos Danziger para London Films. Fue llevada a las salas por British Lion en su país de origen y por Spartan Films en los Estados Unidos. Adaptaba — a partir de un presupuesto muy pequeño — una obra de teatro de James Eastwood, con guión a cargo de John C. Maher y el propio autor. Fue dirigida por David MacDonald, siendo los intérpretes Hugh McDermott, Adrienne Corri, Hazel Court, Peter Reynolds, Joseph Tomelty y Patricia Laffan como "Chica Diablo". El compositor Edwin T. Astley, famoso por sus temas para la televisión, escribió la música. El film relata cómo una amenazante alienígena es enviada desde Marte para reunir machos humanos, con el fin de reemplazar a su moribunda población masculina y salvar de la extinción a la civilización marciana.

Póster de la película (foto: Wrong Side of the Art!)

La filmación de La Diabla de Marte duró unas tres semanas, trabajando a menudo hasta bien entrada la noche, y sin segundas tomas excepto en caso de daño del negativo. El robot marciano, llamado Chani, fue construido por Jack Whitehead y era completamente automático, cosa rara en una película de bajo presupuesto — tal vez por ello sufrió diversas averías. Los decorados del platillo volante, lo mismo que algunos efectos visuales, muestran igualmente una calidad por encima de la media. Durante el rodaje el ambiente en el equipo fue muy bueno, «como el de una compañía de teatro» según la actriz Hazel Court.

Pero en opinión de muchos, esta naturaleza teatral se hace notar, y no precisamente para bien. Desde el momento del estreno la crítica fue dura con las estáticas y solemnes actuaciones y el tono hilarantemente cursi de la película, así como con aquellos aspectos que delataban una producción "de baratillo". Existe cierto consenso, sin embargo, en que el film tiene un extraño encanto e incluso algunos momentos excelentes. La trama es más que nada un reflejo de la desigualdad entre sexos de los años 1950; el personaje de Nyah evoca a una dominatriz, exponiendo los miedos inconscientes de muchos hombres de la época.

La Diabla de Marte inspiró a la ganadora de los premios Hugo y Nebula Octavia Butler para dedicarse a la ciencia-ficción; al parecer, después de verla a los doce años dijo que ella podía escribir algo mejor. No es sorprendente que se haya convertido en una película "de culto". Está disponible para su visionado gratuito.

Nyah, una impasible marciana embutida en ajustadas prendas de PVC y armada con una pistola de rayos, aterriza cerca de un remoto pueblo de los páramos de Escocia acompañada por su fiel robot. En Marte se está produciendo un alarmante descenso en la fertilidad de sus hombres y, si la especie quiere sobrevivir, son necesarios especímenes masculinos sanos para servir como sementales en el Planeta Rojo. Los lugareños no están demasiado interesados — y sus mujeres no les dejarán irse así como así. Cuando primero la negociación y luego la intimidación fracasan, Nyah recurre a la fuerza.

La nave espacial realiza un aterrizaje de emergencia después de colisionar con un aeroplano (foto: Shadowplay)

La comandante Nyah (foto: Shadowplay)

La marciana irrumpe en la posada "The Bonnie Charlie" (foto: Shadowplay)

El profesor Hennessey prueba los efectos de la barrera invisible que mantiene aislado al pueblo (foto: Shadowplay)

Chani vaporizará a todo aquel que no acate las órdenes de Nyah (foto: Shadowplay)

El motor atómico del platillo volante (foto: Shadowplay)

Trailer de la película (vídeo: YouTube)

La diabla de Marte (1954) on IMDb


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